La Casa de los Eames. MAD Antequera. 2019

Vista parcial de la muestra La Casa de los Eames

LA CASA de los Eames, interpretada por el pintor Norberto Gil, reflexiona sobre la constante búsqueda de lo esencial, en las raíces, en lo básico y lo primitivo. Charles y Ray Eames dieron vida a este proyecto, diseñaron y construyeron la Casa Eames, entre 1945-1949, en Los Ángeles, EE. UU, una residencia moderna, espacialmente agradable que se convirtió en el hogar de los propios arquitectos. No solo es un icono de la arquitectura moderna del s. XX, si no que consiguió, con proporción y simpleza, construir de forma práctica y económica, y a la vez, cálida y acogedora. Su trabajo se basaba en la experimentación y en el aprender haciendo. Con esta filosofía moderna/primitiva, basada en lo fundamental, exploraron diversos ámbitos: desde el film, al diseño de juguetes, la arquitectura y obviamente el diseño de sillas, que es lo que primero se nos viene a la mente al escuchar Eames. Su unión en todas las esferas de la vida, hizo de su visión un lugar potente, donde el diseño y la creatividad se convirtieron en un estilo de vida. Al contrario que sus colegas, modernistas acérrimos, que ansiaban despojar de la vida lo accesorio y llenarlo de un minimalismo clínico, los Eames trabajaban por la innovación en sí misma. La búsqueda era siempre hacia atrás, hacia lo primigenio; y con esas respuestas se pensaba en el futuro. Una mirada que hoy lidera la vanguardia en contraposición a las visiones futuristas despojadas del pasado. El diseño de la casa consistía en dos prismas rectangulares, uno para la casa y el otro para el estudio, con un patio entremedio. Fueron construidos en base a una estructura de acero a la que luego se le agregó un techo de acero corrugado y una fachada con paneles de hormigón, estuco y vidrio. La mezcla de estos materiales industriales prefabricados forman una rejilla que con el uso exacto y absolutamente medido del color, forman un inusual y bellísimo cuadro al estilo de Mondrian. En la obra de Norberto Gil (Sevilla, 1975), se aprecia una especie de guión que va siguiendo con el paso del tiempo, sin definirlo previamente, dejando que la práctica le vaya marcando la posibilidades; nuevas líneas antes completamente desconocidas por donde a veces surgen atajos en los que merece la pena introducirse. Este método de actuar no es resultado de la rutina o fruto de la inercia, si no un hábito, que realizado repetidamente se convierte en una fórmula. Hallazgos encontrados generalmente de forma inesperada, que constituyen un programa, y tal programa es hasta cierto punto inconsciente ya que solo algunos artistas como Gil, se introducen en él a modo de azar. Artista formado en el diseño gráfico, la arquitectura ocupa un papel protagonista en toda su obra, y ha sido en muchas ocasiones fuente de inspiración en sus creaciones. La ha tratado como un espacio habitable, un monumento, un soporte para «lo vegetal» o un simple estudio de luces y sombras. Destaca la coherencia formal y temática, representando la arquitectura de forma similar a como lo venía haciendo en lo que a la aplicación del color se refiere; empleando éste de forma plana, de ahí su influencia del diseño. No pasamos por alto la evolución en la gama cromática, protagonista en toda la serie, con colores complementarios para realzar la luz. A través de juegos de luces y sombras representadas con campos de colores planos, intensos y fuertemente definidos, delimita y representa formas arquitectónicas, llegando a un tipo especifico de recreaciones en las que se dan cita dos valores de la modernidad artística que pueden resultar contradictorios y que son la estructura y el color. No existe intensidad alguna en la puesta del pigmento: la materia coincide estrictamente con el color, y como resultado se produce un distanciamiento que permite detener la mirada por lo que los contrastes evitan cualquier tipo de retórica: los cuadros de Gil no pretenden convencer de nada al espectador, menos aún seducirlo, salvo que esa «pintura de precisión y belleza de indiferencia», de las que hablaba Marcel Duchamp, sean su arma secreta, esto es, su modo de vincular emocionalmente a un espectador que valora el orden tanto como la sensualidad. Hay una especial relevancia en el juego de contrastes entre estructura y color: el temple frio que en apariencia poseen los cuadros. Todos se resuelven en exactos valores de superficie, con una aplicación de la pintura precisa, incluso en los degradados.

Vista parcial de la exposicion
CSH8/18. 146X114 cm. Acrilico sobre lienzo

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